PARQUE DE DOÑANA

Alguien en un momento dado se puso pesado. Hay que bajar a Doñana y galopar por la playa. Tanto insistió que un buen día de febrero de 2012 nos pusimos en marcha a las 11 de la noche. Viajamos de noche para pasar Sevilla antes de que el tráfico se pusiera difícil. Y allí nos presentamos, en la aldea del Rocío a las 6:30. Bajamos los caballos y tuvimos que pasearlos un buen rato para relajarlos después de viaje tan largo.

Cuando llegó al dueño de la casa y las cuadras que teníamos alquiladas ya tuvimos problemas. LLegó tarde, la casa sin arreglar y las cuadras llenas de mierda. En lo que se solucionaba todo, un paseo por la aldea para ir conociendo el entorno.
Aldea de El Rocío

Una vez solucionado el tema de la limpieza, acomodo de caballos y equipajes, preparamos algo de comer, un ligero descanso y nos pusimos en marcha con nuestros caballos para recorrer algunos lugares tan conocidos como el puente del Ajolí, la raya de Sevilla y el entorno del Parque de Doñana. En la raya, Cacao, el caballo de Maribel, decidió darse un baño de arena porque no quería leer un cartel informativo. Cosas de caballos. Cabalgamos hasta el atardecer, dejamos comiendo a nuestros compañeros y dedicamos el tiempo hasta la cena en visitar tiendas, le ermita de la Vírgen del Rocío y tomar algunos vinos.

EN LA RAYA REAL

Marismas

Marismas

El segundo día decidimos bajar a la playa de Matalascañas. Una experiencia nueva para nosotros y nuestros caballos. Un poco desorientados, pero con el gusanillo que da la aventura de lo desconocido intuimos la dirección que debíamos seguir para llegar hasta la playa.
Bonita sensación la de ir abriendo el horizonte con el mar de fondo, haciéndonos desear la aparición de la playa cada vez con más ganas. De repente, un pequeño desfiladero muy estrecho y con fuerte pendiente nos dejó sobre la playa. Un inmenso horizonte de arena y agua, de olas suaves y rítmicas que intimidaron a nuestros caballos. Aprovechamos para pasear tranquilamente a ratos, otros galopando sobre la arena mojada. Una experiencia diferente.
Agotada nuestra capacidad de disfrute, decidimos regresar al lugar donde dejamos los van haciendo campo a través. Toboganes de dunas de arena fina pusieron a prueba la forma de nuestros caballos que afrontaron el reto con nota. Por la tarde decidimos dejarlos descansar en su cuadra.

Camino de la playa de Matalascañas

Camino de la playa de Matalascañas

Paseo relajante por la playa

Paseo relajante por la playa

Algunas compras de recuerdo, una visita a la ermita de la Vírgen del Rocío y unos vinos completaron la tarde. Después de la cena, tertulia entre amigos y preparativos para la jornada siguiente.
El tercer día fue muy ventoso y frío. No teníamos suficiente información sobre la Candelaria y la verdad es que el camino que nos indicaron fué todo menos bonito, apenas encontramos caballos y jinetes durante el día, y terminamos volviendo a la aldea por la tarde un tanto desilusionados. Dimos por concluida esta aventura. Lo mejor, la playa.

La típica foto

La típica foto